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URL: http://www.geocities.com/alcaide_econoh/alfred_marshall.htm

ALFRED MARSHALL (1842-1924)

Ponencia de Alfred Marshall

(Pedro Pérez Pascual)

    Durante las últimas décadas del siglo XIX, a las corrientes de pensamiento representadas por los economistas austriacos y los de Lausana se unió una tercera, producto de la obra de Alfred Marshall, que obtuvo en 1885, la cátedra de economía política de Cambridge y convirtió a esta institución en un centro de estudios económicos de renombre universal. Marshall llegó a la economía como matemático profesional, y debido, quizás, a su superior formación en este campo, practicó con mayor precaución la economía matemática, fue mucho más escéptico en cuanto a sus posibilidades  se dio mucha más cuenta de los abusos a que podía prestarse, que ninguno de los otros pioneros dela economía matemática. Esta actitud refleja también, en parte, los altos fines morales con los que se acercó Marshall al estudio dela economía política, que le hicieron prescindir de los ejercicios puramente especulativos, que se deleitaban en el arte por el arte, en vez de servir como ayuda inmediata para mejorar la suerte de la humanidad. Fue un ardiente filántropo y humanitario, llegó a la economía desde la ética, "intentando permanecer allí durante un corto tiempo y retroceder en cuanto estuviera en posición de hablar con mis enemigos, es decir, con aquellos hombres de negocios que arrojan agua fría sobre mis esquemas de juventud para regenerar al mundo, diciendo ¡Bah! usted no hablaría así si supiera algo acerca de los negocios o incluso algo sobre economía política".

    La urgencia pragmática con la que Marshall se puso a la tarea, hizo que su economía fuera más realista  menos abstracta que la teoría dela utilidad de los austriacos o el sistema de equilibrio general de Walras. No se pondría a especular, como los austriacos eran capaces de hacer, sobre la forma en que un Robinsón Crusoe colocaría sus recursos, no se elevaría hasta las alturas de abstracción en que Walras se había movido, aunque era consciente de la interdependencia general de todos los fenómenos económicos. Él mismo no fue económetra y no por carecer de inclinación, sino por falta de oportunidad. Escribió: "si fuera rico habría contratado a economistas y a especialistas en estadística para que hubieran llenado de contenido empírico mis  generalizaciones". Marshall preparó el terreno para la aparición de la econometría, ya que su sentido de la realidad era tan pronunciado que muchos conceptos desarrollados por él pudieron ser utilizados en forma numérica por otros escritores posteriores y estimularon los estudios empíricos de las curvas estadísticas de la demanda y de la elasticidad de la demanda.

    A diferencia de Jevons, Marshall realizó su trabajo con una profunda adhesión  a la tradición del pensamiento económico británico anterior, coronado por las obras de Ricardo y de Mill, de los que se consideró a sí mismo su heredero intelectual y cuyo legado quiso más bien salvaguardar que destruir. La continuidad, y no el cataclismo, era su divisa, tal como puede verse en el lema natura non facit saltum, "la naturaleza no actúa a saltos", que puede verse bajo el título de sus Principios de economía política. Este sentido de continuidad fue el que hizo que Marshall, no sólo ensalzara los logros del pasado, sino que encubriera la novedad de su propio pensamiento. 

    En esencia, el pensamiento de Marshall difería del de Jevons, del delos austriacos y del de los economistas de lausana, en que mantenía la teoría de la utilidad en segundo plano y en que iba mucho más lejos en el desarrollo de una teoría de la oferta. Su teoría de la demanda era más rica que la de Cournot, ya que no se limitó a postular una curva de demanda deduciéndola intuitivamente de la experiencia, sino que la relacionó con la teoría de la utilidad. Sin embargo, el tratamiento de la utilidad no ocupaba el centro del escenario, como ocurría en los trabajos de Jevons y Menger ni el equilibrio general de toda la economía, sino más bien el equilibrio particular de la empresa y de la industria. Lo que Marshall compartió con Jevons y con los economistas austriacos y de Lausana fue la importancia dada a la disposición de una producción determinada por decisiones microeconómicas. Los factores "real" y monetario, que influyen en la determinación de dicha producción y en sus fluctuaciones tendrían que esperar  para su examen a que los teóricos monetarios y los especialistas en los ciclos de los negocios, los escandinavos y Keynes, redescubrieran la macroeconomía.

    En cuanto a la posición de Marshall en la historia doctrinal, se le considera frecuentemente como a un economista neoclásico, designación esta que encaja bien con su intención de preservar el legado de los clásicos y de retocar su pensamiento de acuerdo con las nuevas ideas. Hay, sin embargo, dos imágenes de Marshall, una que consiste en la que él consideraba que era su propia posición en la historia doctrinal y otra que refleja cómo ha sido considerado por muchos intérpretes de su pensamiento. Para empezar con esta última imagen, hay una frecuente y casi típica interpretación de su pensamiento que considera a éste como un compromiso o reconciliación entre el pensamiento de los clásicos, que se centraron en el coste y en la oferta, y el de los austriacos y Jevons, cuyo análisis de la utilidad parece estar latente bajo la teoría de la demanda de Marshall. Pero rechazó personal e invariablemente esta interpretación, que contiene implícitamente un juicio acerca de ciertas reivindicaciones de prioridad que están muy poco claras debido a la demora en publicar sus ideas. Aunque reconoció su deuda par con Ricardo y con Mill, negó que los escritos de Jevons o de los austriacos hubieran tenido ninguna influencia apreciable sobre su trabajo. Aparte de los clásicos, sus maestros, insistía, habían sido Cournot y Thünen, pero no Jevons ni Menger. Marshall admiraba el análisis de Cournot y de la demanda y la empresa,  y la interpretación de las relaciones económicas más como funciones de mutua interdependencia, que como causales. Alabó las aportaciones de Thünen al análisis y su dominio de los métodos inductivos y deductivos, pero, sobre todo, su humanitarismo filantrópico.

    El sentido de la realidad de Marshall le hizo considerar a su economía política, no como completa y absoluta, sino como provisional y de tanteo, es  decir, como un eslabón más en la interminable búsqueda de la verdad. La cadena de continuidad que unía su propio pensamiento con la tradición del pasado se extendía también hacia futuro y, así, estaba convencido de que, con el tiempo, tendrían lugar revisiones y perfeccionamientos que superarían su propia doctrina, vinculada a las tendencias intelectuales y a las condiciones históricas de su entorno. Marshall fue un asiduo observador de dichas condiciones históricas, aunque la incipiente especialización entre los economistas y el celo con que algunos historiadores dela economía vigilaban las fronteras de su subdisciplina le hizo sentir cierta repugnancia  a orientarse hacia el campo de la historia económica. En sus estudios teóricos se dejó guiar, sin embargo, por su vasto conocimiento delos detalles empíricos y de  las fuerzas históricas, talque él las vería actuar  en su época. Es  esta atención hacia los hechos de la vida la que diferencia su aportación ala teoría económica de las de Jevons, los austriacos y los economistas de Lausana. El trabajo de Marshall en lugar de recordar a la teoría pura de estos escritores, trae más bien  a  la memoria a aquella inimitable mezcla de empirismo y de análisis que caracteriza a La riqueza de las naciones.

    Aunque su sentido de la realidad hizo a Marshall abstenerse de hacer el análisis del equilibrio general, no por eso consideraba que el análisis de los equilibrios parciales, método defendido por  él y en que llegó a ser el maestro, fuera el ideal. Las analogías mecánicas de este método podían quizá ser útiles como una primera aproximación, pero él esperaba que abrieran en su día el camino hacia nuevos métodos, más similares a los de la biología que a los de la mecánica, en los que el comportamiento de las variables económicas fuera interpretado como un  cambio y un desarrollo evolutivo.

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