La poesía de Soledades. Galerías. Otros poemas sigue los patrones propios del Modernismo, pero está impregnada de un intenso tono subjetivo, pues “Sólo el poeta puede/ mirar lo que está lejos/ dentro del alma, en turbio/ y mago sol envuelto” (LXI). Esta voz íntima, personal, se deja oír a través de frecuentes referencias al poder de los sueños y de la ensoñación, como muestran los poemas “Desde el umbral del sueño me llamaron…” (LXIV); “Lleváronse tus hadas/ el lino de tus sueños” (LXIX); “La luna está vertiendo/ su clara luz en sueños que platea/ en las ventanas” (LXXII); o el titulado precisamente “Los sueños” (LXXXII).
El intimismo lírico de Machado también elige el tema del recuerdo (en ocasiones unido al tema de la infancia, como en los poemas V y LXV), con el que el poeta actualiza emociones e imágenes de su vida pasada: “El limonero lánguido suspende/ una pálida rama polvorienta…” (VII); “La primavera besaba/ suavemente la arboleda…” (LXXXV).
El amor, el jardín, la fuente (que, junto con el río, es símbolo del fluir del tiempo) y la primavera son otros tantos motivos de origen modernista que el poeta contempla desde las “galerías del alma” y los dota de una peculiar intimidad llena de nostalgia: “Amada, el aura dice/ tu pura veste blanca…” (XII); “Lejos de tu jardín quema la tarde” (LI); “¡Verdes jardinillos,/ claras plazoletas,/ fuente verdinosa/ donde el agua sueña” (XIX); “Me dijo un alba de la primavera…” (XXXIV).
Pero el motivo más reiterado es el de la tarde, convertido, junto con el del mar (la muerte), en otro símbolo del inexorable paso del tiempo, uno de los temas fundamentales de la poética de Machado. “El poema que no tenga muy marcado el acento temporal –afirmará años más tarde, por boca de su heterónimo Juan de Mairena- estará más cerca de la lógica que de la lírica”, porque “precisamente es el tiempo (el tiempo vital del poeta con su propia vibración) lo que el poeta pretende intemporalizar, digámoslo con toda pompa: eternizar”. La hondura metafísica con que Machado recrea la temporalidad de las vivencias humanas está presente en los versos del citado poema VII (…”En el ambiente de la tarde flota/ ese aroma de ausencia”…) y en otros muchos, a menudo llenos de una sugerente melancolía: “Yo voy soñando caminos/ de la tarde” (XI); ”En una tarde clara y amplia como el hastío” (XVII); “Me dijo una tarde de la primavera” (XLI); “Tarde tranquila, casi/ con placidez de alma” (LXXIV).