El teatro en Europa durante las primeras décadas del siglo XX está marcado por la tensión entre la objetividad que había promulgado el realismo y las propuestas antinaturalistas principalmente enmarcadas en las vanguardias artísticas. El influjo del teatro realista de Ibsen o Chejov convivía con expresiones no objetivas como los postulados esteticistas de Adolph Appia y Gordon Craig, la ruptura satírica de Alfred Jarry. La búsqueda simbolista de Vsévolod Meyerhold... El teatro europeo de la época se va a convertir en un espacio de indagación con una fuerte influencia de las propuestas de las artes plásticas.
Por otra parte, algunas expresiones teatrales van a ser adoptadas por el público burgués. El realismo ibseniano, radiografía del hombre contemporáneo, que se debate entre la verdad dolorosa y la mentira piadosa, va a ser la fórmula utilizada por muchos autores de las primeras décadas del siglo XX, no ya para seguir con esa radiografía crítica del dramaturgo noruego, sino para retratar en el escenario la cotidianeidad y los conflictos de una clase burguesa satisfecha de verse representada en el escenario. Por tanto, los procedimientos de la objetividad ibseniana van a ser utilizados para un teatro costumbrista y conformista que ha perdido el sentido original de las propuestas de Ibsen.