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La opinión de la crítica

1.

Al ser asimilado por la colectividad un canto, la tradición poetizante imprime en él sus caracteres específicos, que en los casos de más feliz acierto podemos reducir a cuatro. Esencialidad, intensidad. El trabajo tradicional es una continua selección, comenzando por la selección inicial, cuando el gusto popular escoge entre muchos un canto, lo aprende y lo repite, sintiendo en él algo propio. Después, al repetirlo, va eliminando del texto primitivo las partes poco afortunadas; tal vez añade algún rasgo que estima necesario, y en esta busca de sencillez y viveza, el romance gana una esencial intensidad. [...] Naturalidad. En el continuo operar de las variantes -selección incesable, adaptación, repulsa, retoque-, el canto poemático llega a amoldarse a la más natural manera de la colectividad; nada queda que no responda al modo expresivo de más espontánea eficacia; ninguna artificiosidad que empañe la pura emoción. Intuición; liricidad, dramatismo. El estilo épico tradicional no gusta de la narración trabada; tiende a una visión intuitiva, instantánea, inmediata. Cuando prolonga una relación de sucesos, desarticula sus partes con transiciones bruscas, pues suprime selectivamente todo lo narrativo inesencial; introduce en cambio tonalidades líricas emotivas, reiteraciones, enumeraciones simétricas, exclamaciones. Por eso desde el siglo pasado se califica ese estilo narrativo de baladas o romances con el adjetivo de "épico-lírico" o "lírico-épico". Verdad es que también las baladas manejan mucho el diálogo con otros recursos dramáticos, de modo que tanto pueden decirse impregnadas de dramatismo como de liricidad. Usan del uno y de la otra para sustituir la narración discursiva, propia de la épica, mediante una visión directa, rápida y viva, del suceso que tratan; por eso pudiéramos adoptar con ventaja la denominación de estilo "épico-intuitivo". [...] Impersonalidad; arte intemporal. Cuando el proceso asimilatorio llega felizmente a su término, el estilo se libera de cuantos elementos personales y ambientales lleva consigo la creación de todo autor. La poetización individual, siempre agitada, siempre revuelta entre la multitud de los accidentes particulares y efímeros propios del momento actual, se decanta límpida y pura bajo la acción sedimentadota de la tradición. Cualquier deseo de novedad se extingue. El poeta inicial y los refundidores sucesivos se desvanecen; toda personalidad de autor desaparece sumergida en la colectividad. El autor se llama Ninguno o Legión.

Ramón Menéndez Pidal, El estilo tradicional del Romancero (en Historia y crítica de la literatura española, vol. 1. Editorial Crítica, 1980)

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