Llamamos cuento al relato breve de un suceso imaginario, protagonizado por unos pocos personajes. Es una de las formas literarias más antiguas, pues todas las culturas han dado origen a cuentos populares, que se han transmitido oralmente a lo largo de muchas generaciones.
Desde los lejanos tiempos medievales hasta hoy, también los escritores se han interesado por el cuento, que en pocas líneas permite condensar lo esencial de una historia. Compruébalo leyendo ejemplos.
Clarín es el iniciador de la forma contemporánea
de este género literario. Sus cuentos recrean
tipos, situaciones y conflictos sociales de la
España
de su tiempo. En ¡Adiós, Cordera! se
relata la
vida cotidiana de Rosa y Pinín, hijos de
un pobre
arrendatario, que se encargan de
apacentar a la
vaca Cordera en un plácido y
solitario prado de
Asturias.
La vigilante protección que les prodiga el padre,
Antón de Chinta; el amor que une a los dos
hermanos, y la ternura con que cuidan a la
Cordera, que evoca en ellos a la madre muerta,
son la base de un modo de vida idílico
que parece por completo ajeno a los problemas y dificultades de la vida social.
¿Podrá esta existencia sencilla y apacible resistir al avance del progreso, que trae el telégrafo y el ferrocarril, pero también nuevos conflictos e intereses, para los que el individuo y sus sentimientos nada cuentan?
Si prestas atención a los sucesos protagonizados por Antón de Chinta y sus hijos, comprenderás la gran distancia social que separaba a los pobres de los
caciques y los ricos
indianos de aquella época, y el injusto sistema que convertía a los jóvenes en
quintos, en “carne de cañón” para la guerra.
Al igual que en toda su obra narrativa, Clarín emplea en este cuento las técnicas del realismo literario, entre las que destacan: la reproducción del habla de los personajes, abundante en
asturianismos, y la descripción de paisajes y lugares verdaderos.