En mis malas épocas no había desdeñado la iniquidad de ser confidente de la policía.

    Es la naturaleza arbitraria en sus dádivas.

    Su procedencia habría resultado palmaria a quien lo encontrase.

    Pero no fue así, o no estaría usted saboreando estas páginas deleitosas.

    No voy a claudicar a la vista de la meta.

    Su desazón me inspiró una gran ternura y casi lamenté haberla metido en aquel enredo.

    Trataban de atraerme a la Jefatura con objeto (...) de reintegrarme al manicomio transcurridas apenas veinticuatro horas de mi manumisión.

     


     

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El misterio de la cripta embrujada

Eduardo Mendoza