Después de enterarse, en el capítulo anterior, de que un tal Avellaneda ha escrito que el caballero fue a Zaragoza, don Quijote se enoja y cambia de rumbo para dirigirse a Barcelona. En un bosque cercano a la ciudad se topan con los cuerpos de unos bandoleros que han sido colgados de los árboles. Al amanecer, aparecen los hombres de Roque Guinart.