Nada importa que hayan sido escritos hoy o que fueran imaginados mucho tiempo atrás: los poemas del mar siempre nos llevan hasta la orilla de su vasto espacio azul y, en seguida, más allá... La brisa y las incansables olas, el horizonte y los navíos que lentamente lo surcan, el salto repentino de unos delfines... Todo surge de las palabras del poema.
¡El mar, la mar! Los poetas siempre se han sentido atraídos por
la mar. Su imaginación se aviva contemplando la calma superficie
de las olas o los embates
furiosos de la tempestad, y, en la inmensidad de los abismos marinos,
nunca dejan de buscar la belleza y los símbolos
de la vida y sus misterios.
La Odisea
de Homero
o el Viaje
de los argonautas de Apolonio
de Rodas son antiguos poemas que narran arriesgados viajes
a través del mar. Unas veces sus protagonistas se enfrentan a
tempestades huracanadas o a enormes serpientes marinas; otras,
los héroes deben dirigir su barco entre altísimos escollos
que se mueven y entrechocan, o han de escapar ingeniosamente de
las sirenas, que con sus cantos atraen las naves hacia peligrosos
acantilados.
Después de superar grandes dificultades, los valientes marinos
logran cumplir su misión y vuelven victoriosos a su patria, ricos
en experiencia gracias a su férrea voluntad. De este modo, el
astuto Ulises recupera su reino, la isla de Ítaca, y Jasón y sus
compañeros regresan con el legendario vellocino
de oro.