
Para los poetas románticos, inconformistas y deseosos
de expresar los más ocultos sentimientos, el mar fue una
inagotable fuente de inspiración. Puesto que la búsqueda
de la libertad y de la belleza era la principal exigencia de aquellos
poetas, fueron muchos los que, como
José
de Espronceda, hicieron del mar el ámbito donde satisfacer
libremente todos los sueños humanos. Otros, a semejanza
del joven poeta inglés
John Keats, buscaron su inspiración en la grandiosidad del
océano, inabarcable y lleno de sugerentes bellezas.
Los poetas contemporáneos tampoco se han mostrado indiferentes a la cambiante naturaleza oceánica, y han creído ver en ella sorprendentes analogías con muy diversos aspectos de la existencia y los sentimientos humanos, o con la asombrosa vastedad del Universo.
Unas veces, las palabras del poema nos llevarán muy lejos,
más allá del mar que describen, superando, hasta
donde alcance nuestra imaginación, el tiempo y el espacio
cotidianos en que vivimos; otras veces, nos acompañarán
muy de cerca iluminando nuestros sentimientos más hondos
mientras nos muestran el horizonte hacia el que deberemos avanzar.
Así, el poeta griego Constantinos P. Cavafis, tomando el mundo antiguo como referencia de su obra, extrae de las singladuras de Ulises un símbolo de la vida humana. Juan Ramón Jiménez, poeta intelectual, reflexivo, descubre en el océano una alegoría del anhelo de eternidad, mientras que para Rafael Alberti, imaginativo y vitalista, el recuerdo de la mar está unido a la añorada felicidad de la infancia.